Cultura

Seijunj Susuki – Proceso

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).– Durante julio, la Cineteca Nacional presenta una retrospectiva de la obra de Seijun Suzuki (1923-2017), maestro del cine japonés que nunca se propuso serlo; admirado maestro, sin embargo, de gente como John Woo, Jim Jarmusch (Ghost Dog está dedicado a él), Quentin Tarantino, Wong Kar-wai; la selección hecha una ojeada a la evolución de su trabajo, desde La juventud de la bestia (1963), inicio de su extravagante estilo en el cine de gánsteres, hasta la compleja e inquietante trilogía de Taisho, premiada en Berlín y en Japón, y ahora una extraordinaria aventura para el espectador.

Si hay que creer en las declaraciones que el director hace en algunas de las pocas entrevistas que concedió, las innovaciones que aparecen gradualmente en las películas realizadas durante su trabajo en la productora Nikkatsu serían un recurso para evitar el aburrimiento que le provocaba el esquema tan convencional del género “yakuza”. Aunque la década de los años sesenta significa la época del “nynkio eiga”, donde lo caballeresco se funde con lo gansteril, las fórmulas se agotaron pronto; a Suzuki dejó de interesarle que el “yakuza” bueno defendiera la justicia y peleara contra los malos, había que desarticular el código e innovar la imagen para ilustrar el desasosiego y el dese­quilibrio mental de sus héroes y heroínas.

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